La nueva avanzadilla tecnológica

Hacen ‘software’ para satélites, publicidad en redes sociales y células fotovoltaicas. Son las nuevas empresas Valencianas surgidas en la Universidad Politécnica.

Algo (o mucho) ha tenido que ver la empresa Aurorasat, ubicada en el parque científico de la Universidad Politécnica de Valencia, en la decisión de la Agencia Espacial Europea (la ESA) de trasladar a la ciudad uno de sus laboratorios. La compañía ha desarrollado un software para afinar el diseño de los componentes que se embarcan en los satélites y evitar que los aparatos resulten dañados (ardan) a causa del exceso de potencia al que son sometidos. Sus clientes son gigantes de la industria aeroespacial como Thales Space o EADS Astrium, y su relación con la ESA viene de lejos.

Su caso representa las nuevas empresas que están naciendo y consolidándose al calor del parque (llamado Ciudad Politécnica de la Innovación, CPI) a pesar de la crisis. Compañías dedicadas a mejorar el rendimiento de las células fotovoltaicas, a desarrollar equipos para la detección “hiperprecoz” de enfermedades, programas informáticos de visualización en tiempo real, o aplicaciones de marketing interactivo para la prometedora publicidad en redes sociales. Una avanzadilla tecnológica alimentada por la investigación que se hace en escuelas y facultades y que se suma, en la misma ciudad, a la que está surgiendo en el parque científico de la Universitat de València.

“En el mundo va a haber una necesidad cada vez mayor de consultar información en tiempo real”, afirma Pedro Jorquera, socio fundador de Okode, instalada en la CPI. “Por ejemplo: consultar el transporte público con el móvil. Ver en la palma de la mano un mapa de Google Maps y unas bolitas que se mueven, que son los autobuses”. Jorquera asegura que el sistema, desarrollado por ellos, se está instalando en Helsinki (Finlandia). “Nuestro software de visualización en tiempo real viene de una investigación básica en el Instituto Universitario de Automática e Informática Industrial. Pensamos: esto es una pasada, aquí hay una oportunidad de negocio. Dejamos el trabajo y montamos la empresa”. Algunos socios, añade Jorquera, siguen siendo profesores de la universidad, y en esa relación, coinciden los consultados, reside en gran medida su éxito.

Los parques no son sólo un espacio de unión entre la universidad y el tejido productivo. También van por delante en las alianzas interuniversitarias. No es raro (ocurre en Aurorasat) que los emprendedores provengan a medias de la Politécnica y de la Universitat de València. Que los empleados de una empresa del parque se hayan formado en la universidad vecina. O, es el caso de Oncovision, que una spin off (empresa surgida de una línea de investigación) del Instituto de Física Corpuscular, centro mixto de la Universitat y el CSIC, acabe consolidándose en el parque de la Politécnica.

Oncovision desarrolla desde cero (inventa) equipos de visión molecular con aplicaciones médicas. A diferencia de los equipos de imagen anatómica (por ejemplo las radiografías), que sirven para detectar estructuras, la visión molecular permite saber cómo está funcionando esa estructura, y detectar una actividad celular anormal que revele la existencia de un tumor, explica Constantino Ballester. La empresa nació en 2003, tiene 35 empleados y a pesar de ello compite con compañías de la talla de Siemens y Philips. Uno de sus productos, llamado Sentinella, es un equipo de gammagrafía (que normalmente tienen las dimensiones de una habitación) reducido a escala portátil (“la mitad de una caja de zapatos”) para su uso en el quirófano: “En vez de llevar el paciente a la máquina, se hace al revés”.

Todos los parques científicos van detrás de una gran empresa que ejerce de atracción a otras compañías. La Politécnica dio en el clavo con Siliken, una compañía de envergadura dedicada originalmente a la fabricación de módulos fotovoltaicos y que se ha ido diversificando. El departamento que se está instalando en la CPI (conocido como Línea Piloto de Células) tiene como objetivo lograr que el rendimiento de las células fotovoltaicas alcance el 20% de la energía solar que reciben, cuando ahora está entre el 15% y el 17%. Puede parecer poco, admite Juan José Sierra, portavoz del departamento, pero esos tres o cinco puntos de diferencia, multiplicados por las células que integran un panel, multiplicados por los paneles instalados en un parque solar “es un montón de dinero”.

El lugar importa

“Estar en la CPI (Ciudad Politécnica de la Innovación) supone estar en un entorno universitario, científico, de investigación. Tener contacto con empresas de alto nivel científico. Tener acceso a equipos y laboratorios de otros institutos. De otra forma, tendríamos que subcontratar a otras empresas o comprar equipos que ya hay aquí”, dice Juan José Sierra en funciones de portavoz del departamento de I+D que Siliken ha instalado en el parque científico de la Universidad Politécnica. Antes de despedirse, añade: “Es un sitio tranquilo y agradable comparado con un polígono industrial, y eso para la investigación es útil”.

Dejando de lado a Siliken, que ya era una gran empresa antes de llegar aquí, puede que las otras 18 empresas instaladas en el parque tengan éxito, aunque en la mayor parte de los casos tendrán que pasar años para saberlo. Son compañías de base tecnológica muy jóvenes, pero probablemente se encuentran en el sitio adecuado.

“Fuera de las universidades es complicado sobrevivir”, afirma Carlos Vicente, de Aurorasat, “tienes que estar al día de lo último, y para eso es clave tener una relación fluida con la universidad. Ella se puede permitir hacer investigaciones que una empresa normalmente no se plantea. Y a los profesores también les viene bien la relación. Dicen que así centran su actividad en investigaciones que potencialmente tienen aplicación”.

La Ciudad Politécnica de la Innovación cuenta con 130.166 metros cuadrados de superficie construida repartidos en varios edificios, a los que habrá que sumar 18.000 más. Incorporará a otras 15 empresas (en total, 34) y estará terminada a principios del año que viene. La CPI ofrece facilidades a las empresas que incorporan a graduados de la Politécnica. Y las compañías señalan que la posibilidad de fichar empleados casi directamente del aula para formarlos ellos mismos es uno de los atractivos del parque.

Los imponentes cubos de colores de la sede de la CPI son reconocibles en el extremo este del campus de Vera. Constantino Ballester, que antes de trabajar para Oncovisión fue director comercial de otras empresas, afirmar al respecto: “Traer clientes a un campus universitario no es lo mismo que llevarlos a un polígono o a un local en los suburbios. Te da seriedad. Claro que cuenta”.

Fuente: elpaís.com

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